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Las dos palabritas que encierran el fenómeno histórico coyuntural que estamos viviendo, donde el ser humano literalmente muere y se mutila con tal de ser delgado.
Esta oleada ha ido tomando diferentes vertientes, desde ser la “enfermedad del closet” hasta el mal que a la realeza también le clava los dientes.
Los desórdenes alimenticios son muy caros de costear: rompen desde tuberías universitarias hasta un presupuesto familiar, quiebran esófagos y a familias enteras –sin distinción de clase social. Son un cruel adversario de ajedrez mental y el reflejo directo de la sociedad actual; son el jinete apocalíptico del milenio donde despiadadamente vivimos una doble moral.
Todos conocemos a una persona –cercana o lejana– que padece de algún desorden alimenticio… O quizá eres tú la del problema, y tienes tanto miedo y vergüenza que no te atreves a admitir que lo tienes.
Sé de la mentira y el auto engaño… me las dije todas en diferentes idiomas y durante varios años. Abre los ojos: este problema te priva del derecho a la vida. Si no te la quita directamente, te dará ramificaciones en órganos internos tan complejas que cambiarán tu vida por completo.
El primer paso a la recuperación es la aceptación. Mientras más pronto te abras a reconocer que tienes un problema, más pronto podrás salir.
El capítulo de la historia titulado: la era en la que el ser humano muere por ser delgado debe terminar. Para ayudar a alguien a salir del atolladero, necesitas conocerlo primero.
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